Socialistas de la "pecera" del Juan XXIII van contra el "achique" del partido y quieren del gobierno "posiciones más de izquierda" La agrupación del Partido Socialista que reúne a unos 50 exalumnos del Juan XXIII; dirigentes de perfil universitario que defienden los orígenes plurales del partido para ponerse al servicio de las "mayorías" y problematizan "prejuicios" sobre la "chetez" y la izquierda Cuando Juan Pablo Pío y Ximena Muniz fueron compañeros de clase en 6º Derecho del Juan XXIII, el director era el hoy cardenal Daniel Sturla y el país iba camino a un referéndum contra la ley de asociación de Ancap del gobierno de Jorge Batlle. El Frente Amplio estaba a un paso de acceder al poder, pero Pío sentía que en esa época, y en particular en ese liceo de prestigio donde “ser de derecha es más cómodo que ser de izquierda”, sentirse frenteamplista todavía “era ser de Fidel Castro” y votar por “Sí” era “poco menos que transformarse en Satanás”. Diez años después coincidieron en esa clase Tatiana Salerno y Florencia Salgueiro. Ya estaba José Mujica en el poder y se instalaron los debates a flor de piel sobre la marihuana legal, el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto y el “No a la baja”. Su profesor de Derecho era un joven abogado sobreacelerado y de prédica encendida, un exalumno egresado en 2003: Juan Pablo Pío. En 2014 le llegó el turno a Marzio Lamas, hijo de un socialista que militó con Gabriel Oddone y Álvaro García en la generación ‘83. Su docente pensaba que era “de derecha”, pero Lamas estaba decidido a afiliarse a futuro en el Partido Socialista de su padre. Las vueltas de la vida: el que terminó de acercarlo fue ese profesor de 6º Derecho en el preuniversitario de Mercedes y Tristán Narvaja. Pío sigue al frente de la materia y en su colectivo dentro del Partido Socialista militan unos 50 exalumnos del Juan. Los “latas” fueron a elecciones el pasado 28 de setiembre para renovar su dirección y el abogado se postuló a secretario general para disputar la hegemonía ortodoxa del hoy ministro de Desarrollo Social, Gonzalo Civila. El abogado, hoy secretario general letrado del Banco de Seguros del Estado, terminó en segundo lugar para posicionarse en el ala más fuerte de la minoría socialista y con la “vocación” de volver a disputar la conducción del partido en 2029. De coincidir en las aulas del Juan XXIII, varios de los jóvenes avanzaron en sus carreras universitarias, pasaron a ser dirigentes de la orgánica y hasta a tener responsabilidades de gobierno: Ximena Muniz está como directora general de secretaría en el Mides y Tatiana Salerno en la Dirección Nacional de Bienestar Laboral y Psicosocial del Ministerio del Interior. Marzio Lamas es licenciado en Relaciones Internacionales, al igual que Florencia Salgueiro, quien tuvo notoriedad pública por su militancia a favor de la ley de Eutanasia y hoy integra el Comité Central socialista. La “pecera” del Juan XXIII Aunque a algunos de los menos creyentes les rechina el término, el grupo mantiene ciertas dinámicas de la juventud salesiana en la que se formaron, como la de “retirarse” periódicamente a una chacra en la Sierra de las Ánimas para una “reflexión colectiva”. Entre los cerros y el viejo vagón de AFE reconvertido en casa sobre el que ondean las banderas de Palestina y Cuba y donde cuelgan cuadros del Che Guevara y Frida Kahlo, los militantes “planifican a fondo” la acción política. Muniz dice que responde a una “necesidad de pensarse”: “A veces nos marcan el orden del día y nosotros precisamos horas de pienso si queremos marcarle el orden del día al partido”. Ella lo defiende incluso como una tarea de “fraternidad” que hace más llevaderos los sacrificios de tiempos y afectos que les conlleva estar en política. El último encuentro en la sierra fue después de las elecciones del partido. “Hace 15 años que venimos trabajando y que hacemos lo que decimos que vamos a hacer. El desafío está en no frustrarse, entonces hemos moderado las expectativas. O, más bien, las hemos corrido en el tiempo”, explica Pío. “Si no estás, confiás”, es una de las frases de cabecera para los que faltan. “Si no tenés tiempo, tratá de conseguir plata”, dice otra. Y la tercera: “La mesa chica es tan grande como personas vengan a sentarse”. Pío reconoce que lo han “cachado” por pescar en la “pecera” del Juan XXIII, pero él marca que “la militancia política es una consecuencia casi que inherente al planteo” del colegio –que tiene como lema la formación de “agentes de cambio”–, y que hay un “primer paso” que “tiene más que ver con la piel y con los testimonios de vida”. “Cuando sos estudiante, menor de edad, y ves a tu profe en una marcha, capaz te animás a ir el año que viene. Cuando tenés un ámbito de libertad como me pasa en el Juan XXIII que les digo: ‘La tarea de la semana que viene es ir a la Marcha del Silencio’. Al otro día teorizás sobre eso y hay un valor agregado testimonial que no es tanto discursivo”. Salgueiro, también profesora del liceo, aclara que nunca invitó a un alumno a militar porque eso sería “una violación de la laicidad”, sino que los acercamientos llegan cuando ya son egresados. “Son ellos los que se acercan. Es un: ‘Vení cuando quieras’. Yo estoy acá, no lo voy a esconder”. Con solo una banca en el Senado, su Partido Socialista tiene hoy la representación parlamentaria más baja desde el regreso a la democracia. El decano de la izquierda uruguaya sufrió importantes renuncias en los últimos años e incluso ha perdido mucho músculo en la interna del Frente Amplio, enfrentado a menudo al MPP y a Fernando Pereira. Ellos no niegan que es “preocupante”, pero Salerno subraya que no es “una tragedia”: “Nos parece parte de un ciclo que hay que atravesarlo. Creemos que hay que jugar a agrandar el partido”. Pío sostiene que la izquierda y su propio partido son “muy endogámicos” y que pescan “en una pecera muy acotada”. ¿Cómo conviven estos dirigentes formados en un liceo de “élite” –en palabras del propio Pío– con la militancia en un Partido Socialista que por estatutos se debe “a la clase trabajadora” y a “las clases populares"? Más aún, ¿cómo ven expresiones como las de su propio senador Gustavo González, quien en 2024 fue viral por tratar de “chetita” a la comunicadora Victoria Rodríguez, otra exalumna del Juan XXIII? Salgueiro no reniega de su “chetez”. “Yo nací en Punta Carretas, fui a colegio privado y mi primera educación pública fue la Universidad de la República. Ahora, puedo continuar el status quo de la sociedad que me dio todos estos privilegios o desear que los derechos que yo tengo sean los de todos los trabajadores del Uruguay. (...) ¿Me podés decir oligarca o que vivo para sostener mis privilegios? No, estoy dejando mi tiempo, mi plata, poniendo para que el país cambie. Lo que podía elegir, elegí ponerlo acá. Y lo que no podía elegir… No voy a escurrirle el bulto a eso”. Pío defiende que “una cosa son los intereses que representás y otra de dónde saliste”. “Ese es un prejuicio de la izquierda que es tan lumpen y básico como cuando te dicen que no podés ser de izquierda y ostentar determinado privilegio. ¿Qué le contesto a alguien que me putea así por redes? Que conozco la buena vida y la quiero para todos”. El abogado acusa que “la incomodidad es más con la contradicción que pretende fijar el adversario” y de hecho aclara que tienen “muy buen vínculo” con el senador González. “Siempre decimos que sería un gran suegro para comer asado los domingos. Es muy bueno comunicando y para hacer campaña. La dificultad que tenemos es que le llega a un segmento de la sociedad y tenemos que ampliar la cancha. Nos consta que él está en esa línea también”. Lamas esgrime en tanto que “históricamente el PS era catch all” en cuanto a los orígenes sociales de sus dirigentes y que “universitarios formados siempre fueron parte”, más allá de que “hoy no tienen el peso de antes”. “Pero no nos sentimos sapo de otro pozo. Me siento súper en casa”. Un ejemplo emblemático casi idéntico es el de Oddone, hoy ministro de Economía, un egresado del Juan XXIII que militó en el PS pero terminó dando el paso al costado por diferencias con algunas de las posiciones más dogmáticas del sector. Pío defiende en esa línea los decanatos de Mario Cassinoni y Emilio Frugoni, que Paulina Luisi fue la primera médica de Uruguay, o que Fidel Castro y Salvador Allende eran abogados. “Las revoluciones a nivel mundial han sido apoyadas por las grandes mayorías sociales pero no han sido pensadas por ellas, porque es una cuestión lamentablemente hasta matemática: cuando no tenés el privilegio de disponer un espacio para vos, es muy difícil que te puedas desarrollar. Es más una picoteada con la derecha, más de redes y de pose, que una realidad”. Salerno, quien define sus orígenes en una “militancia más social” vinculada a obras salesianas y en los “apostolados” en barrios pobres, llama a su vez a “sacar algunos prejuicios” por haber ido a un determinado colegio. “Para mí fue más incómodo ir al Juan siendo becada que militar en el PS habiendo ido al Juan”. El PS “embretado” y el programa “socialdemócrata” del FA Con Civila en el gobierno y abocado de lleno a la gestión, sin prácticamente marcar perfil en el Consejo de Ministros, El Observador consulta a estos socialistas sobre si el partido se ha “moderado” por la vía de los hechos. Pío responde que “el partido no está moderado, sino embretado”. “¿Me gustaría que el gobierno tuviera posiciones más de izquierda, de fondo, y que se peleara con alguien? Sí. Me gustaría pelearme con los medios de comunicación, los dueños de la tierra y un montón de factores de poder que hacen que la sociedad sea injusta. Me gustaría que mi gobierno hiciera algo más que administrar. Ahora, ¿eso quiere decir que me enoje con el programa o con el FA? No, está cumpliendo con un programa que es socialdemócrata”, observa el abogado. Para eso, coinciden los socialistas, “hay que tener músculo” dentro del Frente Amplio y en el gobierno, mientras que a su entender su partido “juega al achique” y pierde afiliados. Salgueiro está de acuerdo y se pregunta si la vara con la que se mide el gobierno es “que el país siga a flote” o si debe “transformar la realidad para que sea un país más justo”. “No podemos discutir sobre administrar mejor o peor”, insiste Pío, quien siente que el FA “se ha obturado la posibilidad de dar discusiones profundas” como la del impuesto al 1% más rico o la de las empresas públicas planteada por el secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez. “Radical no es pintarse la cara y romper todo. Es ir a la raíz de la dificultad. Acá tenemos personas que han utilizado la ley de vivienda promovida para especular financieramente... que compren vacas, que pongan guita afuera. Cuando no lográs defender el derecho a la vivienda y lo dejás ceñido al mercado, estás jodiendo a la gran mayoría”, argumenta el abogado. “Es un buen ejemplo para decir que como Frente Amplio nos obturamos la posibilidad de discutir cosas de fondo”.