El mercado ganadero pasó por un proceso de ajuste durante marzo y la primera quincena de abril que llevó los precios de la hacienda gorda a los equilibrios históricos respecto al precio de exportación de la carne vacuna. Fueron semanas de intensa presión a la baja en los precios de compra por parte de la industria frigorífica, en el intento de arrancar el siguiente período de mayor actividad con los precios más bajos posibles. Y ese período llegó. En los mercados siempre hay tendencias de largo plazo y oscilaciones de corto plazo que, aunque pueden llegar a ser significativas, no determinan un punto de inflexión de la tendencia. Es aquello de las luces cortas —en las que se ven las oscilaciones más cercanas en el tiempo— y las largas, en las que se observan las tendencias de mediano y largo plazo. En la ganadería, un sector en el que, por definición, se debe mirar el largo plazo, hay que intentar que las oscilaciones que no hacen a la tendencia impidan toma de decisiones equivocadas. El ajuste en los precios ganaderos fue significativo e inevitable. El precio del novillo era 5% más alto que el valor medio de exportación de la tonelada de carne exportada, una relación claramente insostenible en el mediano plazo. La corrección llegó y fue de varias decenas de centavos. La forma en la que la industria logró la baja fue posicionar la demanda por debajo de la reducida oferta. Varias plantas suspendieron faenas y otras las redujeron y se llegó a niveles tan bajos de solamente 26 mil reses en una semana “normal”, como la culminada el 11 de abril. Sin embargo, los precios del ganado a faena ya muestran una flechita para arriba. El intento de baja no logró perdurar en el tiempo por una sencilla razón: la oferta de animales terminados a pasto es y seguirá siendo muy reducida por algunos meses más e, inevitablemente, en algún momento la demanda debe volver a trabajar con más intensidad. Ese momento, como se esperaba, coincidirá con la llegada de los equipos kosher a partir de la semana próxima. Más allá de que se abre la ventana de producción de cuota 481, de animales terminados en corrales de engorde, habrá más interés por animales pesados, vacas y novillos, y estos están lejos de abundar. Por lo tanto, la expectativa para este año, mirando lo tendencial, es que el mercado del ganado a faena esté firme, con una relación hacienda exportación que se ubique, como piso, en el promedio histórico (7% más bajo el precio del novillo que el de la tonelada exportada) y en varios períodos de los próximos meses con una brecha menor entre ambos valores. Al menos hasta que, promediando el segundo semestre, comience a aparecer más oferta de novillos de 2-4 dientes, los animales de la generación récord de terneros destetados el año pasado que comenzará a salir de forma más fluida a partir de ese momento. Esta situación del mercado interno se complementa con expectativas de mercados internacionales de la carne vacuna que, todo indica, se mantendrán firmes. La demanda se mantiene intensa en los tres principales mercados de destino de Uruguay: China, Estados Unidos y la Unión Europa. Habrá oscilaciones y cierta volatilidad. El mundo está lo suficientemente complicado como para que se registren impactos negativos por el aumento de los costos (petróleo, fletes marítimos, seguros, además de fertilizantes, entre otros), pero si se ponen las luces largas las expectativas continúan siendo auspiciosas. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) actualizó las proyecciones de comercio, consumo y producción mundial de carne vacuna, manteniendo un escenario de relativa escasez de oferta que hará que el mercado siga sostenido. Los tres principales exportadores mundiales (Brasil, Australia y Estados Unidos) tendrán un saldo exportable menor que en 2025, aunque el USDA corrigió la proyección de Brasil al alza en comparación con lo que había previsto para 2026 en la proyección de octubre pasado. La baja en las exportaciones de los tres grandes se prevé en cerca de 400 mil toneladas carcasa, con el grueso de la baja en Brasil (250 mil toneladas). De hecho, habrá un descenso en la producción mundial de carne vacuna del entorno de las 600 mil toneladas respecto al año pasado y parte de esa baja se da en mercados claves, caso de Brasil, China y Australia. Desde el lado de la demanda hay algunos nubarrones en China, donde la economía no termina de levantar y los importadores están teniendo problemas para pasar la suba de los precios de importación al mercado interno. Por lo tanto, en estas semanas están con una demanda más cauta que, seguramente, determinará una pausa en la tendencia alcista de los precios que predominó fundamentalmente en los dos primeros meses del año. China consumirá menos carne vacuna este año, pero sus precios de importación se mantendrán relativamente altos, presionados por la limitación al volumen de importación luego de la aplicación de la salvaguarda que limita las posibilidades de compra de los dos principales exportadores mundial, Brasil (clave en el mercado de carne para industria) y Australia (clave en el mercado de cortes de valor). A su vez, Estados Unidos y la Unión Europea tendrán una producción doméstica en baja, por lo que seguirán dependiendo de importaciones crecientes. Pasando raya, las luces largas siguen siendo auspiciosas para los precios de la carne vacuna en el mercado internacional y, por ende, para los precios ganaderos. Pero, seguramente, el cociente entre ambos precios se ubique en el correr del segundo semestre más cercano al promedio histórico, con un mercado algo menos recalentado que el que predominó desde mediados del año pasado hasta principios de marzo. Tentativamente, las mayores chances son de precios que se ubiquen algo por encima de los US$ 5 el kilo, pero no tan altos como los picos de US$ 5,7-5,80 de fines de febrero.