Evacuar, vaciar, golpear: la guerra que redefine el sur del Líbano Líbano – Más de un millón de desplazados, bombardeos sostenidos y avances militares limitados dibujan una estrategia israelí basada en el control progresivo del territorio, con ecos del modelo aplicado en Gaza. Frente a ella, Hezbolá asume una confrontación prolongada que convierte el conflicto en una guerra de desgaste sin salida clara. Para mostrar este contenido de YouTube, debe autorizar las cookies de medición de audiencia y publicidad. Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio. El patrón se repite, pero en otro escenario. Primero llegan las órdenes de evacuación masiva. Después, los bombardeos intensivos. Finalmente, avances militares limitados pero sostenidos. En el sur del Líbano, la ofensiva israelí responde a una lógica que varios analistas resumen en tres verbos: evacuar, vaciar, golpear. Desde el 2 de marzo, más de un millón de personas han sido desplazadas, en su mayoría de zonas de mayoría chiita, como el sur del país, la periferia sur de Beirut y el valle de la Bekaa. Para mostrar este contenido de YouTube, debe autorizar las cookies de medición de audiencia y publicidad. Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio. El balance humano supera ya el millar de muertos. Pero más allá de las cifras, lo que emerge es una transformación progresiva del territorio. No se trata solo de destruir capacidades militares, sino de alterar el espacio en el que esas capacidades operan. El coronel retirado Michel Al Khoury lo explica de forma directa. La estrategia israelí no busca únicamente debilitar a Hezbolá, sino reconfigurar el terreno mediante presión sostenida sobre la población civil. Un conflicto renovado La reactivación del frente por parte de Hezbolá sorprendió a buena parte de la población libanesa. Tras meses de relativa contención, el lanzamiento de cohetes el 2 de marzo pareció una decisión abrupta. Sin embargo, dentro del movimiento, la interpretación es distinta. Según Ahmad Rayah, analista cercano al grupo, la guerra era inevitable y la decisión no fue impulsiva. “Hezbolá no habría iniciado la escalada, sino elegido el momento para entrar en ella sin quedar expuesto al factor sorpresa”, advierte. Esa lectura se apoya en un elemento clave. Durante meses, el grupo mantuvo una ambigüedad estratégica tras el acuerdo de noviembre de 2024. Mientras proyectaba contención, habría continuado reorganizando sus capacidades. Para mostrar este contenido de YouTube, debe autorizar las cookies de medición de audiencia y publicidad. Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio. Su secretario general, Naim Qassem, ha formulado esa posición en términos existenciales; la elección es “entre rendición o resistencia”. En su discurso reciente, insiste en que la guerra es defensiva, una respuesta a meses de ataques israelíes continuados, y que negociar bajo fuego equivaldría a una capitulación. En esa narrativa, la presión militar externa no debilita al movimiento, sino que refuerza su legitimidad. La estrategia de Israel Sobre el terreno, Israel evita por ahora una invasión masiva. En su lugar, despliega una estrategia gradual. Las fuerzas avanzan mediante incursiones selectivas. Cruzan la frontera, realizan reconocimientos ofensivos, se repliegan bajo presión y vuelven a avanzar tras bombardeos aéreos. El objetivo inmediato no parece ser la ocupación de grandes núcleos urbanos, sino el control de puntos clave del terreno. “Se observa un esfuerzo sostenido por dominar una línea de colinas situada a varios kilómetros dentro del territorio libanés. Estas alturas ofrecen ventaja táctica y permiten supervisar rutas y zonas habitadas”, apunta el general retirado Khalil Gemayel. Esta lógica responde a la construcción progresiva de una zona de amortiguación. Según el analista militar, se trata de una red de posiciones dominantes conectadas entre sí que permitiría controlar el espacio sin necesidad de una ocupación total inmediata. Las informaciones sobre la posible creación de múltiples posiciones militares hasta las afueras de Tiro refuerzan esta hipótesis. Más que una invasión clásica, lo que se perfila es una red de puntos de control destinada a fijar una presencia prolongada y limitar la capacidad de maniobra del adversario. Para mostrar este contenido de YouTube, debe autorizar las cookies de medición de audiencia y publicidad. Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio. Para Michel Al Khoury, este enfoque “apunta a una ocupación gradual, adaptable, que puede ampliarse según evolucione la guerra”. Las órdenes de evacuación masiva encajan en este esquema. Israel las justifica acusando a Hezbolá de operar desde zonas civiles, pero su efecto es el vaciamiento de amplias áreas. En la práctica, cada desplazamiento reduce la complejidad del terreno y facilita los movimientos militares posteriores. Mohamed Nader, del Instituto Levante para Asuntos Estratégicos, lo explica con claridad: “El control territorial se construye sobre espacios vacíos y cada evacuación facilita el siguiente avance”. En ciudades como Tiro, decenas de miles de desplazados se concentran en espacios cada vez más reducidos, mientras otras zonas quedan destruidas o abandonadas. El paisaje resultante no es solo el de una guerra, sino el de un territorio fragmentado donde la presencia civil se vuelve intermitente y precaria. Frente a esta estrategia, Hezbolá adapta su respuesta. Sus combatientes operan en pequeñas unidades, con armamento ligero, misiles antitanque y drones. Evitan enfrentamientos directos y apuestan por una guerra de desgaste. “La prioridad no es recuperar terreno, sino impedir que el control israelí se vuelva estable”, insiste Ahmad Rayah. "Esa es la clave", continúa. “La resistencia no busca una victoria rápida, sino hacer inviable cualquier intento de dominación duradera”. El grupo mantiene además una línea política inflexible. Qassem ha rechazado cualquier negociación bajo bombardeos, insistiendo en que la confrontación es inevitable mientras continúe la ofensiva. En ese marco, la guerra deja de ser una opción estratégica y pasa a percibirse como una condición impuesta. Beirut cercado desde adentro y desde afuera Mientras tanto, el Estado libanés permanece atrapado. El Ejército ha replegado sus posiciones más expuestas y evita cualquier implicación directa. La posibilidad de enfrentarse a Hezbolá sigue siendo inviable por el riesgo de fractura interna. Como advierte Michel Al Khoury, abrir un frente interno podría desestabilizar la propia institución militar. El resultado es un equilibrio inestable en el que ninguna de las partes logra imponerse de forma decisiva. Israel avanza, pero de forma limitada y metódica. Hezbolá resiste, pero sin capacidad de revertir la correlación de fuerzas. Entre ambos, el territorio se transforma y la población civil queda desplazada. Para mostrar este contenido de YouTube, debe autorizar las cookies de medición de audiencia y publicidad. Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio. Para Mohamed Nader, el riesgo es que esta dinámica deje de ser temporal y se convierta en estructura: “Si se consolida, no estaremos ante una fase de guerra, sino ante un nuevo modelo de control del territorio”. Un modelo donde las zonas vaciadas, las posiciones militares dispersas y la ausencia de un marco político estable redefinen el sur del Líbano a largo plazo. En ese escenario, el paralelismo con Gaza deja de ser una comparación retórica. Se convierte en una forma de entender la guerra. No es un conflicto que avance hacia un final claro, sino un proceso que transforma el terreno mientras ocurre. Y en ese proceso, lo que desaparece no es solo la estabilidad, sino la posibilidad misma de recuperarla.
EVACUAR, VACIAR, GOLPEAR: LA GUERRA QUE REDEFINE EL SUR DEL LÍBANO