En los JJ. OO. de Invierno de Milano Cortina, los atletas se rebelan Cortina, Italia – Algunos analistas habían previsto que, como en anteriores ocasiones, los Juegos Olímpicos de Milano Cortina se convertirían en otro escaparate que serviría a los objetivos nacionalistas de las potencias mundiales. Pero diversos atletas sorprendieron con críticas a sus propios países, un reflejo de unos tiempos marcados por gravísimas tensiones políticas, guerras y debates migratorios. A la esquiadora Sarah Schleper se la reconoce antes por la actitud que por el dorsal. Aparece con el uniforme chillón del equipo mexicano y, en lugar de posar ante los aros olímpicos de Cortina d’Ampezzo o atender a los medios que la están esperando, se ofrece a hacer la foto a una pareja despistada. Luego abraza a un viejo compañero del equipo estadounidense. Todo con naturalidad y (una extrema) gentileza. No es solo una anécdota simpática. Schleper (Glenwood Springs, 1979) compitió durante años con Estados Unidos y firmó su mejor resultado olímpico en Turín 2006. Dos décadas después ha vuelto a los JJOO de Invierno de Milano Cortina bajo otra bandera, la de México, el país de origen de su marido, en el que ella se naturalizó en 2015 y que ya es la tercera vez que representa. Una trayectoria así —tendida entre dos himnos— es difícil de encajar en tiempos de drásticas políticas de rechazo a la inmigración en su propio país. Aunque quizá precisamente por eso, cuando se le pregunta por el presidente estadounidense, Donald Trump, Schleper no se esconde. No recita consignas ni eleva el tono, pero tampoco esquiva la cuestión. "Ha sido muy duro de ver, especialmente lo que les están haciendo a los inmigrantes", afirma. Y añade: "No me gusta la violencia. Estoy totalmente en contra. Soy una persona de paz y por eso amo ser olímpica. También compito por todos los mexicanos que están en Estados Unidos y ojalá eso les dé fuerza. Tiene que haber formas más pacíficas de regular las cosas". Una neutralidad selectiva Durante años, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha mantenido su defensa del evento como un momento de neutralidad política, supuestamente en pro de mantener el deporte en un terreno separado de las diferencias ideológicas y los conflictos. Tanto es así que la regla 50 de la Carta Olímpica incluso prohíbe explícitamente a los atletas expresar sus ideas en una serie de circunstancias, entre ellos durante las ceremonias de apertura y cierre, dentro de las Villas Olímpicas, y en los sitios de las competiciones. El problema es que, en la práctica, la política siempre se ha metido en los Juegos Olímpicos por distintas vías y la exigencia de neutralidad olímpica también ha sido selectiva, ya que a los atletas se les ha pedido cumplir con este principio, mientras que los Estados siguen usando los Juegos como escaparates políticos. Además, el propio COI ha tomado decisiones profundamente políticas, como suspensiones de países, participación bajo bandera neutral o sedes en regímenes controvertidos. Los JJ. OO. de Milano Cortina han sido un nuevo ejemplo. La diferencia, en esta ocasión, ha estado en que numerosos atletas han desafiado de forma más visible —con sus gestos y declaraciones— el principio de neutralidad. El caso más sonado ha sido precisamente el de los atletas estadounidenses. A pocos días de las violencias en Minneapolis, diversos deportistas de ese país han manifestado sin tapujos su malestar y tristeza por las políticas migratorias en Estados Unidos. Se trató de una verdadera ola de descontento. Chris Lillis, esquiador de estilo libre, dijo que la situación le "rompía el corazón". Hunter Hess, también esquiador, afirmó que representar a EE. UU. le producía "sentimientos encontrados". "Es difícil. Que lleve la bandera no significa que apoye todo lo que está sucediendo", subrayó. Maddie Mastro, snowboardista, señaló que le entristecía "lo que está pasando en casa" y que "es muy duro y creo que no podemos ignorarlo". "Espero poder usar mi plataforma y mi voz durante estos Juegos para tratar de animar a la gente a mantenerse fuerte en estos tiempos difíciles. Sé que mucha gente dice: 'Eres solo una atleta, limítate a tu trabajo, cállate sobre política', pero la política nos afecta a todos", ha indicado por su parte la patinadora Amber Glenn. En respuesta, el presidente Donald Trump arremetió especialmente contra Hess, al que describió como un "verdadero perdedor". "Obviamente, siendo mis padres inmigrantes, esto me ha tocado muy de cerca”, admitió la esquiadora Chloe Kim, doble medallista de oro, en una rueda de prensa el lunes cuando fue preguntada por la descripción que Trump hizo de su compañero Hess. Abucheos selectivos Quienes siguen la actualidad de los Juegos Olímpicos observaron algo más que una coincidencia en la cronología de estas declaraciones de los atletas, ya que se produjeron poco después de las protestas de la ciudadanía italiana contra la presencia de ICE en los Juegos y de que dos hombres muy cercanos a Trump, J. D. Vance y Marco Rubio –respectivamente vicepresidente y secretario de Estado de EE. UU.– viajaran en la semana de la ceremonia inaugural a Italia y participaran allí en ese gran escaparate, junto con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Su presencia generó así también interés en las motivaciones de la Administración Trump en el evento. En una reciente reflexión en The Conversation, el investigador universitario Noah Eliot Vanderhoeven, tenía pocas dudas. "Durante su segundo mandato, Trump ha recibido a numerosos atletas en la Casa Blanca y ha vinculado públicamente el éxito deportivo con la fortaleza nacional. Celebró la participación estadounidense en la Ryder Cup de golf y el 4-Nations Face-Off, incluso cuando EE. UU. fue derrotado en ambas", escribió, al recordar también cómo los JJ. OO. han sido en reiteradas ocasiones una oportunidad para que los países cosechen nuevo capital político en momentos delicados. Para mostrar este contenido de YouTube, debe autorizar las cookies de medición de audiencia y publicidad. Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio. Vanderhoeven, sin embargo, aventuró que por ello la cita se convertiría en una plataforma en la que los "enfrentamientos que servirán a los objetivos nacionalistas de Trump, [el primer ministro canadiense, Mark] Carney y los líderes de la Unión Europea", algo que de momento no parece estar pasando de manera significativa. Por el contrario, lo que los atletas sí consiguieron ha sido un resultado que podría decirse opuesto: que los abucheos del público en Milán y Cortina se produjeran cuando las cámaras enfocaron a Vance y Rubio, y no cuando desfiló el equipo estadounidense (a diferencia de lo que ocurrió con Israel, que no fue excluido de la cita pese a las críticas). "No puedo opinar mucho, pero sí creo que eso habría sido una pena para los atletas, porque le dedican todo a estar aquí. Y mis amigos estadounidenses están todos en contra de las deportaciones", afirmó al respecto la esquiadora argentina Francesca Baruzzi. Tiempos agitados Aunque ninguno de estos atletas ha sufrido consecuencias graves por sus posturas, al menos por ahora, no todos han tenido la misma suerte al desafiar al COI. El corredor ucraniano de skeleton Vladyslav Heraskevych, por ejemplo, quiso competir mostrando un casco personalizado con imágenes de atletas y entrenadores ucranianos muertos durante la invasión rusa a gran escala contra su país. Sin embargo, el COI lo consideró una expresión política dentro de la pista, es decir, una violación directa de las normas de neutralidad de los Juegos, y lo excluyó de la competición. En respuesta, Heraskevych ha denunciado la medida como un trato injusto en la aplicación de las normas por parte del COI. El antecedente: la ceremonia de apertura de los Juegos de 1972 en los que el atleta israelí Jared Firestone lució una kipá conmemorativa en memoria de las once víctimas de la masacre de Múnich, con la inscripción: "Recordamos. Resistimos. Nos levantamos". Para mostrar este contenido de YouTube, debe autorizar las cookies de medición de audiencia y publicidad. Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio. Algunos analistas lo consideran un reflejo de los tiempos, que han vuelto a agitarse como en las décadas de mayor tensión geopolítica. Tanto es así que la situación actual —como ya ocurrió en los Juegos de París, cuando la atleta del Equipo Olímpico de Refugiados Manizha Talash fue descalificada tras exhibir una capa con el mensaje "Free Afghan Women" ("libertad para las mujeres afganas")— tiene claros precedentes históricos. La memoria remite, en particular, a algunos de los JJ. OO. más convulsos del siglo XX. En los Juegos Olímpicos de México 1968, los velocistas estadounidenses Tommie Smith y John Carlos alzaron su puño envuelto en un guante negro durante la ceremonia de medallas como símbolo del movimiento Black Power y en protesta contra el racismo en Estados Unidos. Cuatro años después, en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, los corredores estadounidenses Vince Matthews y Wayne Collett también fueron expulsados tras mostrarse indiferentes mientras sonaba el himno estadounidense en el podio.